Redes sociales, algoritmos y el mundo que vemos a través de una pantalla

Ahora, con internet y un móvil, tenemos acceso a contenido prácticamente ilimitado, mientras que otros sistemas de entretenimiento, como las consolas, en muchos casos rozan los 500 euros sin contar los juegos.

En internet hay muchísima información, pero en este artículo quiero centrarme en las redes sociales. A simple vista pueden parecer algo inofensivo: una forma de entretenernos, ver contenido gracioso o pasar el rato. Sin embargo, muchas veces se nos escapa lo que hay por debajo.

Las redes sociales y los algoritmos

Lo primero que hay que tener en cuenta es que las redes sociales funcionan con algoritmos. Estos algoritmos aprenden en base a lo que nos gusta. Por ejemplo, si empiezas a seguir cuentas relacionadas con el deporte, lo más probable es que la plataforma te recomiende perfiles similares. En el fondo, el algoritmo no es ni más ni menos que machine learning: un modelo estadístico que va aprendiendo a medida que consumes contenido.

El sesgo de confirmación

Uno de los problemas es el sesgo de confirmación. El contenido que me muestra Instagram a mí puede ser completamente distinto al que le muestra a un niño de 15 años. Esto genera una especie de aislamiento, ya que la realidad que percibimos a través de las redes sociales está muy delimitada por nuestros intereses previos.

Identidad y anonimato en redes

Otro punto importante es la identidad en redes sociales. ¿Quién está realmente detrás de la pantalla?

Aunque algunas plataformas están implementando medidas de identificación, lo cierto es que hoy en día no solo existen cuentas falsas (bots), sino también perfiles que se hacen pasar por otras personas.
 

Además, la forma en la que interactuamos en redes sociales no es la misma que en la vida real. La distancia que impone una pantalla y, en muchos casos, el anonimato, hacen que sea más fácil comentar sin pensar, ser más frívolo o incluso decir cosas que difícilmente se dirían cara a cara. Esta falta de empatía inmediata puede tener un impacto real en las personas que están al otro lado, especialmente cuando los comentarios negativos se normalizan.

El contenido y su impacto

Por último, está el contenido en sí. En redes sociales abundan influencers que muestran lo que compran, cómo se maquillan o simplemente bailan. Pero, ¿qué hay de malo en eso?

El problema aparece cuando niños y adolescentes, que están empezando a conocer este mundo, consumen este tipo de contenido sin filtros. Un mal algoritmo puede afectar a su crecimiento, sin contar la influencia que pueden ejercer ciertos creadores.

Por ejemplo, una persona con problemas alimenticios puede beneficiarse de contenido adecuado, pero si su algoritmo se obsesiona con ciertos perfiles, el efecto puede ser peligroso. También están los comentarios impertinentes de usuarios desconocidos.

Una persona sensible o que esté pasando por un mal momento puede sufrir ciberacoso, algo que en la vida real es más fácil de identificar, pero que en internet se complica.

Entonces, ¿cuál es el punto?

Vivimos en una era digital con herramientas muy útiles: plataformas para ver series, aplicaciones para aprender idiomas, reforzar el cálculo o simplemente jugar.

Sin embargo, las redes sociales son un tema que debería tratarse con más delicadeza. No creo que sean para todo el mundo, aunque hoy en día parezca extraño que alguien no tenga redes sociales.

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